7 superpoderes que desarrollas cuando te conviertes en madre

  1. Dormir con un ojo abierto y el otro cerrado: yo siempre he dormido mis ocho horitas profundamente y sin enterarme de nada de lo que pasaba alrededor. Ni Dani que siempre se acuesta más tarde que yo ni nuestro perro Lenin (que duerme a los pies de la cama) eran capaces de despertarme. De hecho, cuando sonaba el despertador por las mañanas era como si no lo oyese… era un sonido que encajaba perfectamente con lo que estuviera soñando en ese momento. Ahora bien, desde que tengo a mis gemelas esto ha cambiado. He desarrollado un superpoder para que al menor “ay” que hacen no solo lo escucho, sino que meto un brinco y voy cual rayo a su cuarto… Cuando tienes gemelos, es importantísimo la rapidez ya que un niño llorando por la noche es complicado, pero que se pongan a llorar los DOS ya es tétrico.
  2. Dotes de interpretación: los niños la verdad es que lloran bastante (sobre todo recién nacidos), pero claro, al principio ni idea de porqué lloran. Menos mal que tienes a las abuelas alrededor para hacer la lista de posibles causas del lloro (tiene hambre, tiene caca, tiene cólicos, tiene sueño, quiere que le cojas, le duele “algo”, no le pasa nada pero aún así llora…) las cuales vas eliminando con el método científico “prueba-error”. Pues bien, a medida que te vas curtiendo como madre y desarrollando esa relación especial con tus hijos, sucede el milagro… acabas conociendo sus tipos de lloros y de una manera casi mágica comienzas a interpretarlos acertadamente.
  3. Paciencia: yo el día que repartieron “paciencia” en clase debí de hacer pellas y, además, soy genéticamente impaciente (es verdad, mi madre es también muy impaciente y me lo ha pegado). Bueno, pues desde que soy madre, soy más paciente. A ver, no es que sea súper paciente, pero reconozco que me tomo las cosas con más tranquilidad que antes de tener a mis mellizas. Más que un superpoder yo creo que esto ha sido una necesidad… Con dos bebés es mejor ser paciente que no serlo… os aseguro que se es mucho más feliz.
  4. Termómetro en la mano: de repente, no hace falta el termómetro. Cuando te conviertes en madre, tu mano se convierte en uno y con solo tocar la frente de tu hijo eres capaz de detectar si tiene o no fiebre.
  5. Eficiencia: el tener que ocuparte de otras personas que no seas tú misma hace que tengas menos tiempo. Y al tener menos tiempo te vuelves más eficiente, siendo capaz de hacer más cosas en el día. Aunque a veces tengas la sensación de no llegar a todo, no tener tiempo libre para ti o pasarte del día “de aquí para allá”.
  6. Dotes como cantante: antes de tener hijos no me sabía ni una canción infantil. Ahora, podría ir perfectamente a Got Talent y cantar al menos 20 canciones de “La Granja” o de las típicas de toda la vida(¡en inglés y en español!)… que si “la vaca lola”, “Daddy finger”, “el pavo y la pava se van a casar”, “los cinco monitos”, y así hasta 20!
  7. Cambiar el pañal en 5 segundos… ¡por la noche, sin luz y sin hacer ruido! Definitivamente, este es el mejor super poder, sobre todo cuando tienes mellizas. En casa nos pasamos el día cambiando pañales, así que ya lo hacemos con una rapidez, agilidad y profesionalidad tremendas!

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